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jueves, septiembre 03, 2009

Runaway: A road adventure

Hoy tengo una grata noticia, ha llegado a nuestra redacción un correo que, tengo que decirlo, me sorprendió.

Según nos comentaban en el correo, la autora del mismo está escribiendo un libro de, ni más ni menos, Runaway: A road adventure. Ésta gran aventura gráfica que hizo de mis tardes de domingo un día menos aburrido pasa a las páginas de un libro con autorización de su creador.

Su autora, Lua Sintes Fernandez, nos ha mandado el prólogo del mismo y, hablando de todo un poco, es una interesante forma de ver en papel lo que ves en un monitor.

Aquí os lo dejo para que lo leaís, como siempre os digo, y disfruteis ;)

PRÓLOGO


Una pregunta, ¿no os parece realmente asombroso como puede cambiar tu vida en una décima de segundo? A mí desde luego sí me lo parece, y pronto vais a comprender por qué. Nací en Nueva York hace 23 años y siempre he sido un chico bastante formal. He estudiado en la Universidad de Columbia y terminé la carrera de física con gran brillantez el curso pasado. El profesor Silva, de Berkley, me ofreció la oportunidad de realizar el doctorado de la carrera en el departamento de física aplicada que el dirige. Mi sueño hecho realidad. Preparé la maleta y me dispuse a trasladarme a California. Quería llevarme mi coche, así que me esperaba un largo viaje por carretera atravesando el país de costa a costa. Que poco podía sospechar entonces en lo que se convertiría mi vida en los próximos días. Me despedí de mis padres, de mi hermana y de mi perro y me puse al volante. Fue entonces cuando recordé que no había ido a recoger un libro que tenía encargado en una céntrica librería de Manhattan. Podría haber pedido que me lo enviaran por correo una vez en California, pero no. Decidí pasarme por Manhattan a recogerlo y esa decisión cambió mi vida para siempre.

viernes, agosto 28, 2009

El Juego del Destino por Irene Alberola

Prólogo


Allí, en la habitación, dos personas discutían a viva voz.


–Al menos uno no lo haría – Dijo ella con un matiz de dureza en su voz. Se notaba que llevaban ya tiempo hablando del mismo tema, y por mucho que ella dijera, su compañero no cambiaba de parecer.

La habitación estaba prácticamente a oscuras, a excepción de una pequeña bombilla al fondo de la sala, pero tampoco parecía que necesitaran más luz. Sus actos eran precisos, hacían lo que realmente querían, sin tropezar con ningún objeto. La chica era la que estaba andando, de un lado para otro, sin dejar de mover lo que en principio debería haber sido la cabeza.

Él estaba sentado detrás de una gran mesa, la miraba divertido, sus ojos tenían una chispa de luz que ningún mortal osaría tener jamás.


–Yo sigo pensando que lo harían todos – el hombre alzó los hombros. Hablaba como si aquel tema no fuera con él, realmente lo que le divertía no era el tema en sí, si no la reacción que la mujer estaba teniendo – Piénsalo bien, poder, riquezas...es algo que todo el mundo quiere en su vida – Una sonrisa se dibujo en la faz de aquel hombre. La fina línea de sus labios se curvó, dejando a la luz unos dientes blancos como perlas que destellaron con la luz de la bombilla.

El tiempo no era problema en aquella habitación, de hecho ninguno de los dos podría asegurar cuanto llevaban hablando de aquello, un tema que podía exacerbar a cualquiera que tuviera un poco de humanidad.


– Habrá gente buena en el mundo...

Él rió, su carcajada fue un estallido en los “oídos” de la chica.


– ¿Me lo estás diciendo en serio? – Su voz sonaba demasiado irónica como para que cualquier espectador se perdiera en aquellas palabras – Pero serás hipócrita, mira quien fue a decirlo.


Ella lo miró con una expresión sombría, en lo que podía denominarse, su rostro, si es que la muerte tiene uno.


– Sabes que es trabajo – fue lo único que ella añadió al ataque del hombre – Me apuesto lo que quieras – Dijo ella con determinación.

El tema era sencillo, él proponía ofrecer riquezas a un hombre al azar, un único hombre, que tendría una elección: las riquezas y las promesas de Satanás o salvar lo que le importaba realmente. La muerte, buena por naturaleza, pensaba que siempre podría haber un humano, cuya su alma no estuviera contaminada.


– ¿Lo que yo quiera? – Dijo él con picardía.


Ella asintió con la cabeza, sabía que estaba jugando con fuego. Satanás no era cualquier persona, apostar con él suponía ganar por encima de todo, por que él sí se cobraría la apuesta.


–Vale, todas tus almas…si yo tengo razón – Añadió como mera información, tenía la seguridad de ganar en aquellas palabras.

– ¿Y qué gano yo con eso Satanás? –Dijo ella con un atisbo de duda en sus palabras.
– Si ganas... – Él pensó un momento, realmente no había duda en aquella parada, simplemente estaba buscando un suculento cebo para poder atraer a la Muerte a aquel juego – Me pondré a tus servicios por toda la eternidad.
Ella saboreó aquellas palabras, sabía que sería duro, que el hombre era un animal que se dejaba llevar por sus impulsos, pero también estaba segura de que había al menos un hombre sobre la faz de la tierra que no lo haría, que pensaría antes de actuar y que no dejaría que el mundo se viniese abajo.


– De acuerdo – Dijo ella mientras estas palabras resonaban en su cabeza.

Simplemente tenía que haberlo.




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